Nuestro Obispo
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Monseñor Luis Armando Collazuol
Obispo titular de Concordia
Nació
en Rosario, provincia de Santa Fe, el 10 de febrero
de 1948.
Fue ordenado sacerdote el 29 de septiembre de 1974, elegido
obispo titular de Elo y auxiliar de Rosario el 31 de
Diciembre de 1997; y consagrado el 27 de marzo de 1998.
Designado Obispo titular de Concordia el 21 Julio de 2004.
Tomando posesión el 11 de Octubre del mismo año.
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Descripción del Escudo
Episcopal

El sentido del escudo episcopal de la descripción de la armadura del
cristiano hecha por San Pablo en Ef. 6,10-17: “Fortalézcanse en
el Señor… Revístanse con la armadura de Dios… Tengan siempre en la
mano el escudo de la fe…”
Llamado al ministerio en los umbrales del tercer Milenio, el Obispo
siente con la Iglesia que lo dos mil años del nacimiento de Cristo
representan un Jubileo extraordinariamente grande para los
cristianos y para toda la humanidad, y una apremiante exigencia de
Nueva Evangelización.
El canto de los ángeles en Belén es el primer anuncio de la Buena
Nueva: “les ha nacido un Salvador, que es el Mesías, el Señor…
¡Gloria a Dios en las alturas, y en la tierra paz a los hombres
amados por El!” (Lc 2,11-14).
El Obispo toma como Lema el canto angélico y lo hace suyo: GLORIA A
DIOS, PAZ A LOS HOMBRES.
¡Gloria a Dios!
Esa gloria es llevar a cabo, con Cristo, la obra encomendada por el
Padre (Jn 17,4).
¡Paz a los hombres!, porque el don de la Salvación eleva al hombre a
la reconciliación con Dios, con los hermanos, con la creación. “La
gloria de Dios es el hombre que vive” (San Ireneo).
“Jesucristo es el mismo ayer y hoy, y lo será para siempre”
(Heb. 13,8), y, en nuestro tiempo, con renovado ardor debe ser
proclamado a todos los hombres como el único Salvador.
“Cristo
es nuestra paz”; El la restableció “por medio de la cruz”
(Ef. 2,14-16). Por eso en el lema la palabra paz envuelve la cruz
con la que está timbrado el escudo, la primera plantada en
Latinoamérica. En la armadura propuesta por San Pablo lo que corona
el Escudo es el
“casco de la salvación” (v.17).
El Blasón se asienta sobre la “divisa” que porta el Lema, que
representa las sandalias: “calcen sus pies con el celo para
propagar la Buena Noticia de la paz” (v.15).
El escudo ostenta en campo de gules una Espiga de oro, y lleva
bordura dorada orlada por quince rosas encarnadas. En heráldica, la
bordura es la cota que San Pablo enseña a llevar: “vistan la
justicia como coraza” (v.14).
La espiga representa a Cristo en su Pascua (Jn. 12,24): Cristo,
grano que muere para dar Vida; espiga a Cristo en su Pascua (Jn
12,24): Cristo, grano que muere para dar Vida; espiga resucitada que
nos engendra en El para ser Iglesia, grano hecho Pan Eucarístico que
desciende del Cielo y da Vida al mundo. Para ser grano fecundo es
necesario crecer en la espiga, en Cristo, en la Iglesia.
La espiga es también símbolo de la vida sacerdotal “en Cristo”. El
sacerdocio se realiza plenamente en la Eucaristía, fuente de gracia
y cumbre de comunión eclesial.
Cristo es la espiga que brotó en el campo virgen de María. El centro
rojo del Escudo representa el seno de María, en color del fuego del
Espíritu que madura el trigo.
Las quince rosas que orlan la espiga representan el Rosario, los
misterios de la vida de Jesús, único Redentor del mundo, creídos y
vividos en la piedad mariana de nuestro pueblo. En la “bordura”, que
significa la coraza, nadie puede poner el rojo. Sólo tiene derecho a
usarlo quienes alguna vez tachonaron la cota con su propia sangre.
María, embellecida con la sangre del Calvario, tachonó su vida con
los misterios de su hijo.
Cuando
un escudo orlado lleva solo figura “en jefe”, o sea, en el centro,
que es el lugar de la espada (“la espada del Espíritu, que es la
Palabra de Dios”, v.17), se dice que está “en abismo”. El
“abismo” es el más profundo anonadamiento del Hijo, Palabra eterna
de Dios hecha carne (Flp. 2,611; Jn 1-14). La espada de la Palabra
(Ap 1,16; 19,15) vive en la Espiga Eucarística.
El Lema de “Gloria” y “Paz” fue cantado en Belén, “casa del pan”.
Allí estuvo Jesús, Pan vivo, en el copón y la custodia: el seno y
los brazos de María.
El Rosario y la Cruz son memoria y signo de la evangelización de
estas tierras. La ciudad y la Arquidiócesis toman el nombre de su
fundadora, la Virgen María.
Mons. Luis Armando Collazuol
Obispo de Concordia
27 de Marzo de 1998 |